domingo, 5 de octubre de 2008

Farruquito, "cabrón hijo puta"



El pasado fin de semana he leído un reportaje que un dominical -ElPaís Semanal- le hacía a Juan Manuel Fernández Montoya, "Farruquito". Fotos muy artísticas y personales, con sus recuerdos y su vida. Mucho texto y mucha reflexión. Parece que algunos le hacen un favor a este reo y nos lo venden como uno más, un pobre preso común que estaba en el sitio equivocado en el momento equivocado. Pobrecito.



La realidad es otra, muy distinta, ya que J. M. F. M. "Farruquito" es un millonario que viste de Hugo Boss, con grandes contactos entre los medios de comunicación y muchos amigos en el mundo de la farándula. Así que, ahora que vuelve al negocio, en tercer grado tras cumplir 18 meses de cárcel, hay que venderlo bien. Por el interés común, qué coño.


Pues nada, que lo vendan. Pero este individuo ha sido juzgado y condenado por matar a un hombre al que atropelló cuando conducía sin carnet. Y éso, para mí, tiene un nombre. Ser, además de un irresponsable sinvergüenza, un cabrón hijo de puta. Y no sólo lo pienso yo, sino muchos otros que incluso lo han escrito y por ello fueron denunciados por el gitano. Fue el caso del periodista Gregorio Morán , que en La Vanguardia que escribió tal cosa:



Un bailarín gitano haciendo honor a su nombre -Farruquito- atropella a un tipo en paso de cebra, lo mata, no tiene carnet de conducir, en fin, todo eso que le podría pasar a cualquiera en un mal día golfo. Pero lo que le convierte en un hijo de puta es que no sólo no lo auxilia, sino que se esconde hasta que dan con él, y entonces se inventa un culpable en la figura de su hermano menor de edad y echa la responsabilidad sobre terceros que le aconsejaron mal. Y a este lumpen impresentable, que en este caso me es indiferente que baile con los pies o con el culo, vamos nosotros y le pedimos permiso para preguntarle por el crimen, por si se enfada el muchacho, que es farruco, o su agente, que nos ha vendido la moto para que sirva en su defensa, y que entendamos su desgracia. ¡Pero qué desgracia, cabrón! La única desgracia es que ganaste lo suficiente para comprarte un BMW, que no quisiste ni gastar en una academia que te enseñara a conducir y mataste a un inocente, hasta ahí lo indigno. Pero lo que ya no tiene perdón es además no socorrerle”.


Pero resulta que en noviembre de 2005 la juez de Barcelona, María del Mar Méndez González, responsable del juzgado penal nº 6, dictó sentencia en ese caso. Absolvió al periodista basándose en el derecho de libertad de expresión y dijo “la libertad de expresión constituye uno de los fundamentos esenciales de la sociedad (…) no sólo se aplica a las informaciones o ideas recibidas favorablemente o consideradas inofensivas o indiferentes, sino también a las que ofenden o molestan”.


Y resulta que yo opino igual. Igual que la juez, por una vez. Y, además, igual que el periodista. Así que, "Farruquito" será un gran bailador y super artista pero es, además, un cabrón hijo de puta. Asesino y criminal. Irresponsable y cobarde. En tercer grado y en libertad condicional.








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