martes, 18 de marzo de 2008

Sobre borrachos y picoletos

Os linkeo el siguiente artículo desde su página original PATENTE DE CORSO, ya que su reproducción debe de tener el permiso del autor o de la editorial, que no he pedido. Sin embargo el linkeo por medio de vínculos o hipervínculos sí lo permite la editorial.


Sobre borrachos y picoletos



Tengo un amigo que es picoleto de los de toda la vida. Guardia Civil caminera o como se diga ahora, si es que se dice. Rural, me parece. En Extremadura. Quiero decir que no va en moto, ni es de los que Tráfico relega a la pasiva e indigna tarea de esconderse tras una curva a ver si le hacen una foto a alguien; y si ese alguien paga una multa tres meses después –da lo mismo a quién atropelle o desgracie hoy– el Estado trinca su viruta y respira satisfecho. Precisamente de eso, tomando una caña hace unos días, se quejaba mi amigo. Mucho radar en autovía y autopista, mucha campaña recaudatoria de Tráfico, mucho anuncio en la tele y mucho marear la perdiz, decía. Pero eficacia y medios reales que eviten tragedias concretas, un carajo. Por ejemplo: si vamos de servicio y observamos a un conductor que lleva una tajada de campeonato, no tenemos ni medios ni autoridad para comprobarlo. Sólo podemos decirle quieto ahí, y llamar al equipo de Atestados de Tráfico. Ellos vienen, realizan la prueba de alcoholemia, se sanciona si corresponde, y si el fulano va muy para allá, se lleva al juez y ya está. ¿Me sigues, colega? Bueno, pues no. Esto no es lo que ocurre realmente. Y te voy a decir por qué.


En ese momento –supongo que para darle suspense, porque es lector de novelas policíacas, y les ha cogido el tranquillo–, mi amigo el cigüeño pide otras dos cañas y espera a que las pongan sobre el mostrador. Entonces bebe un sorbo, me mira al fin, y sigue. El porqué, añade, es muy simple. En mi zona no hay más que un equipo de Atestados, que no da abasto. Puedes creértelo. Y como siempre hay cosas más gordas que un conductor pasado de copas, imagínate. La pareja dos o tres horas con el prójimo, esperando, mientras a éste se le pasa la jumera y se cabrea poquito a poco; los hay que hasta piden un abogado. Y nosotros allí, parados sin poder atender otras incidencias, con los colegas mentándonos a la madre por el walki; y, encima, aguantando impertinencias del trompa. Que, según como la lleve, puede quemarte la sangre no imaginas cómo. Conclusión: vas por ahí rezando para no encontrarte con esa clase de conductores, aunque suene triste. Y si no tienes más remedio que parar a uno, al fin terminas recurriendo a alguna argucia legal para depositarle el vehículo y apartarlo un rato de la circulación, sancionándolo por algo que le quite puntos del carnet. Para entendernos: jugándote el culo con maniobras orquestales en la oscuridad, a veces eficaces pero nunca deontológicas.


Conclusión –prosigue el guardia, con el labio superior manchado de espuma cervecera–: o eludes tu deber, o te la juegas. Con lo fácil que sería dotar a las patrullas de etilómetros sencillos, sin tanta parafernalia ni trámite, y que una simple comprobación de síntomas, estilo norteamericano, fuera suficiente para levantar a uno de esos asesinos en potencia dos palmos del suelo y cantarle las cuarenta. Si hay alcohol, el que sea, pues para adelante, en vez de tanta gilipollez de etilómetros de precisión, análisis de sangre y garantías que no sé qué carajo garantizan, excepto la impunidad del borracho. Como si no se le fuera a uno el coche por miligramo más o miligramo menos, ni se viera con claridad cuándo un tipo echa el aliento y te funde la visera de la teresiana. Y luego está lo de las sanciones, que es de risa. Con lo simple que sería una legislación más realista y dura: al que conduce sin carnet, trena. Al que atropella a otro estando mamado, trena. Pero de verdad, de larga duración. Y si el infractor es emigrante, expulsión automática del país una vez cumplida la condena. Porque ésa es otra: de cómo van algunos de colocados al volante, con lo que les gusta soplar a ciertos americanos, no tiene huevos de hablar nadie en público. Con el resultado de que aquí todos somos muy tolerantes y muy propensos a garantizar el derecho de cualquiera a ponerse ciego, muy demagogos y muy tontos del culo, hasta que uno se salta la mediana y nos mata a nuestra mujer embarazada y a nuestros niños. Entonces sí. Entonces pedimos mano dura.


Tras decir todo eso, mi amigo el picolo se queda pensativo, apoyado en la barra. Le propongo otra birra pero dice que no, que ya vale. Y mueve la cabeza –lo de la mujer embarazada sé que lo ha dicho porque tiene a la suya preñada de cuatro meses–. De pronto me mira y añade: «¿Sabes cómo se combate de verdad el alcohol en la carretera?… Haciendo que cada vez que un cabrón mamado ve a la Guardia Civil, se cague vivo. Pero vete a decirle eso a un político».



ARTURO PÉREZ-REVERTE XLSemanal 12 de agosto de 2007.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Te quiero dejar un comentario para que no creas que escribes "al aire"; yo, como me imagino mucha gente más, suelo mirar tu página y leer lo que has colgado nuevo.

Soy del País Vasco; he leído también tus abecedarios nacionalistas. Te haría alguna puntualización sobre ellos (como ortografía, o algún significado no ajustado) pero no lo hago para que no te lo tomes a mal, porque me gusta mucho tu blogg.

He disfrutado con tu link de Pérez Reverte, aunque me ha dado un pelín de tristeza; me ha recordado el verso del Mío Cid: "¡qué gran vasallo si obiera buen Señor!". A veces pienso de nuestro país "qué buenos ciudadanos si tuvieran buen gobierno" (gobierno en el sentido antiguo, no refiriéndome a un partido u otro). Me temo que vivimos en una sociedad en lo que los políticamente correcto es proyectar que la vida es como los anuncios de la tele, aunque la realidad nos esté demostrando a todos, día a día, que no es así, que se necesita mucho esfuerzo y mucha disciplina.

En fin, ánimo y gracias por tu blogg.

Anónimo dijo...

Muy bueno.
Sigue asi.

Crispal dijo...

Qué razón tiene el guardia civil. No hay derecho a que en España los delincuenten vayan crecidos, la peña conduzca borracha y que no pase nada. Y que si hablas de delincuencia inmigrante eres un facha porque todo el mundo sabe que los inmigrantes son todos unos benditos que vienen aquí a ayudarnos. Ya está bien de tanta mierda de pensamiento buenista y rollito Alice in Wonderland. Hay que atajar la delincuencia venga de donde venga.

ECO5 dijo...

Querido anónimo,

espero con interés tus puntualizaciones sobre el tema del "abecedario etarra", no me lo tomaré mal, todo lo crontario. Ese "abecedario" no es cosecha propia sino que me ha llegado por correo por parte de un compañero. Me muevo por distintos foros policiales de España y publico aquello que creo tiene importancia y si algún compañero me envía algo que creo tiene interés lo publico. Así que si quieres decirme algo no te cortes.

También puedes hacerlo en:

cochepatrulla@hotmail.com

Saludos y animo a todo el que quiera a mandarme lo que estime oportuno, fotos, noticias, quejas, opinión...Aquí estaré y buen servicio a todos.

ECO5 dijo...

Ay, perdón:

cochepatrulla@hotmail.es

Resulta que la actualización automática de hotmail me ha reconvertido el mail en punto es.

Lo dicho, si alguien se anima a mandar algo aquí estaré.

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